miércoles, 2 de diciembre de 2015

Viento

El desencuentro, es una habitación
llena de viento, llena de sal y de escarcha,
al mismo tiempo.
Hace siglos que estoy aquí encerrada,
atrapada en mí misma, sin mirarme al espejo.
Desencuentro con mi alma, mi más profundo ser,
atrapada en instantes, en temblores y penas.
Encerrada en arrugas y celdas.
No hago más que esconderme,
bajo escombros tiznados.
Pero no hay nada en el fondo, soy sólo yo.
No es desencuentro, no es soledad,
no es la duda ni desolación.
No es otra cosa que yo misma en medio de tinieblas y bestias.
Soy yo esta habitación llena de viento.
Llena de sal y de escarcha, 
al mismo tiempo.

martes, 1 de diciembre de 2015

Los lados

Ojalá pudiera darte lo mejor de mí,
entregándome entera a todo o nada.
Jugarme la capa, la casa y fortuna
por una quimera tan cierta en el alma.
Pero siempre vuelven, no sé cómo lo hacen,
ni cómo me encuentran. 
Oscuras las bestias, que me invaden dentro, 
me absorben y escupen
siempre por las sombras.
Las noches se alargan buscando respuestas.
Queriendo esconderme, 
pero es imposible.
Las llevo conmigo, me arrastran, me hunden
me empujan, me llevan y traen de éste,
al otro lado de mí.

Bruma

Y si una densa bruma
se posara en mis ojos.
Una bruma celeste,
que mojara mi cara.
Que ablandara mi gesto,
que calmara mi llanto,
que limpiara por dentro.
Que aclarara mi oscuro.

Que tirara paredes
con dulzura infinita.
Que me durmiera por años,
o por lustros, o siglos.

Una bruma celeste,
una bruma acolchada,
más fuerte que la noche.
Y si entonces despertase,
más sabia de repente,
más pausada, más paciente,
más sonriente,
y menos terca.