lunes, 13 de marzo de 2006

La rima

Atinar a recordar
los males y el dolor.
Intentar resucitar
aquella sensación
que inhibe todo error,
es probar diferenciar
los amores, del amor.

Y rogar salir ileso
al final de ese suceso.

Imposible realizar,
a esta altura,
tal proeza.
Porque
me largo a llorar
hasta cuando
me besa.

Improbable,
ingobernable
es la ley de la razón.
Sólo fija la intención,
y después
manda el amor.

Y uno se juega en suerte
sobrevivir o la muerte,
y es que me largo a llorar
si usted me mira fuerte.

Y después la indiferencia,
la soledad, la amargura
de sentir que su mirada,
no me sigue a tanta altura.

Olvidarme quiero urgente
estos delirios de muerte.
Exijo resurrección
con forma de otra ilusión,
que se lleve a cabalgar
estas ganas de llorar.

Pido que llegue sin ver,
en puntas de pies y manos,
con esfuerzos sobrehumanos
para no retroceder.

Y encontrarlo de repente,
sin darme cuenta que puedo
volver a sentir de nuevo,
esas caricias de fuego
que escarchaban lentamente,
de arriba abajo mi piel.

3 comentarios:

Marcelo Oliván dijo...

Five años

En cinco años tendré 45
que es una edad interesante.
Que no es la edad que tengo y
que sé
odiaré tener.
Ayer fue tan doloroso como hoy
mañana también, y pasado.
Cinco años atrás, casi seis,
llegué a esta casa.
Tenía cinco años menos,
como tendré en cinco años
al mirar hacia acá.
Estaba igual que hoy,
pero al menos
tenía momentos vívidos:
pesadillas por las noches,
y pánico durante el día,
lo cual era una bendición.
Las pesadillas y el pánico eran,
en comparación,
películas malas.
Cinco años atrás tenía temores
y otra mujer.
Cinco años atrás tenía una casa.
Cinco años más adelante,
odiaré esta casa.
Cinco años atrás tenía fantasmas.
Por las noches, entraban a través
de lo que fuera, de lo que pusiera,
de lo que interpusiera.
Cinco años más tarde, ya no.
Cinco años acá, entra una ausencia.
Cada noche y minuto, entra con frío.
Llega a visitarme desde mi cuerpo,
me sale de adentro, se me aparece.
El modo de apartarla
es que no surja.
El modo de espantarla
es retenerla.
El modo de extrañarla es cuando llega.
Y la seguridad de enojarla
es ir a verla.
Cinco años atrás, al menos miedo,
al menos pavor, al menos hielo.
Cinco años futuros, ni camino.
Ni modo de llegar
aunque allí quede.
Cinco años más, estoy seguro,
que pasarán más rápido que el miedo.
En cinco años, como siempre,
como ahora también,
no quiero deudas.
En cinco años reclamaré
al que yo he sido,
aunque ahora ya esté mejor,
aunque la olvide,
aunque la evolución emocional
sea pertinente,
indagaré al pasado
lo vivido.
Y cuánto hice por no perderla,
cuánto entregué,
cuánto he jugado
para jugarlo todo
y no dar deudas.
Y si lo dado fue lo suficiente
si no quedó más por hacer,
en cinco años, volveré a ser,
el hombre que siempre he sido.
Pero en cinco años temo, igual,
y por sobre todo,
mirar atrás y ver,
desencajado en el esfuerzo,
a un niño.

Marcelo Oliván dijo...

Aun no sé si ese poema me gusta.
No sé.

Marcelo Oliván dijo...

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